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Estados Unidos impulsa la minería submarina y abre una nueva controversia ambiental mundial

La posible explotación de minerales críticos cerca de Samoa Americana enfrenta argumentos de seguridad económica con advertencias sobre daños irreversibles en ecosistemas todavía poco conocidos.

Estados Unidos impulsa la minería submarina y abre una nueva controversia ambiental mundial

Estados Unidos avanza con un plan para ofrecer amplias zonas del océano alrededor de Samoa Americana para la exploración de minerales en aguas profundas, una iniciativa que ha reactivado el debate mundial sobre cuánto daño ambiental puede justificarse en nombre de la tecnología, la defensa y la transición energética.

El Gobierno estadounidense publicó una propuesta para una futura venta de arrendamientos minerales en el fondo marino. Las áreas consideradas abarcan alrededor de 33 millones de acres del océano Pacífico y se encuentran relativamente cerca de Samoa Americana y de zonas marinas protegidas.

Las autoridades sostienen que el objetivo inicial es permitir actividades de exploración y recopilación de información. Cualquier explotación comercial posterior requeriría nuevos planes, autorizaciones y evaluaciones ambientales independientes.

Sin embargo, ambientalistas, científicos y representantes de comunidades del Pacífico consideran que abrir esas áreas al interés minero podría ser el primer paso hacia una industria cuyos efectos todavía no se comprenden completamente.

¿Qué se pretende extraer del fondo del mar?

Las profundidades oceánicas contienen depósitos ricos en minerales como níquel, cobalto, cobre, manganeso y tierras raras.

Estos materiales son utilizados en baterías, vehículos eléctricos, teléfonos, sistemas electrónicos, infraestructura energética y equipos militares. Por esa razón, Estados Unidos y otros países buscan reducir su dependencia de proveedores extranjeros y asegurar cadenas de suministro consideradas estratégicas.

Quienes apoyan la minería submarina argumentan que esos minerales serán indispensables para fabricar tecnologías de energía limpia y atender la creciente demanda mundial.

También aseguran que extraerlos del fondo del océano podría evitar algunos impactos asociados con la minería terrestre, como la deforestación, el desplazamiento de comunidades y la contaminación de ríos.

El océano profundo sigue siendo un territorio desconocido

Los críticos responden que buena parte del fondo marino permanece sin estudiar y que numerosas especies ni siquiera han sido identificadas.

La minería podría utilizar grandes máquinas para remover sedimentos, triturar depósitos minerales y transportar el material hacia la superficie. Ese proceso puede generar ruido, vibraciones y nubes de partículas capaces de extenderse por amplias zonas.

Los científicos temen que los sedimentos cubran organismos del fondo marino, alteren cadenas alimentarias y destruyan hábitats que tardaron miles o millones de años en desarrollarse.

La actualización más reciente de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza concluyó que la minería submarina amenaza a más de la mitad de los moluscos que dependen de respiraderos hidrotermales. Algunos de esos organismos presentan características que podrían ser útiles para investigaciones médicas, tecnológicas y de nuevos materiales.

La organización mantiene su llamado a establecer una moratoria hasta que los riesgos sean comprendidos y existan garantías reales de protección ambiental.

Samoa Americana reclama mayor participación

La controversia no es únicamente científica. También tiene una dimensión política, cultural y territorial.

Organizaciones de Samoa Americana han expresado preocupación por la cercanía de las posibles áreas de exploración a comunidades que dependen del océano para su alimentación, su economía y sus tradiciones.

Los opositores señalan que las decisiones tomadas desde Washington podrían afectar un entorno marino que forma parte de la identidad cultural de las islas del Pacífico.

También cuestionan si las consultas realizadas hasta ahora son suficientes y si las comunidades locales tendrán una influencia real sobre la decisión final.

El Gobierno estadounidense sostiene que el proceso contempla participación pública y que todavía no se ha autorizado ninguna actividad minera comercial.

Una disputa sobre quién puede gobernar el fondo marino

La iniciativa también ha provocado cuestionamientos internacionales.

La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, organismo relacionado con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, trabaja en la elaboración de normas para regular la minería en áreas internacionales.

Estados Unidos no ha ratificado esa convención y está utilizando sus propias leyes para impulsar permisos y arrendamientos. Esa posición ha generado preocupación porque podría permitir que empresas avancen fuera del sistema internacional que todavía negocia un código minero común.

La Autoridad sostiene que los recursos del fondo marino internacional deben ser administrados como patrimonio común de la humanidad y que cualquier explotación debe basarse en la mejor evidencia científica disponible.

Las reuniones de julio de 2026 en Jamaica mantienen abierto el debate sobre protección ambiental, responsabilidades económicas, supervisión y posibles permisos de explotación.

Más de 40 países piden precaución

Más de 40 países han expresado apoyo a una pausa, moratoria o prohibición preventiva de la minería submarina.

Sus representantes consideran que no deben autorizarse operaciones comerciales hasta que existan pruebas suficientes de que los daños pueden evitarse, controlarse o repararse.

Las empresas interesadas responden que una prohibición retrasaría el acceso a minerales fundamentales y aumentaría la dependencia de países que actualmente dominan su extracción y procesamiento.

Ese enfrentamiento resume el centro de la controversia: el mundo necesita más minerales para construir baterías y tecnologías bajas en carbono, pero obtenerlos podría abrir una nueva frontera de destrucción ambiental.

¿Minería para proteger el planeta?

La gran paradoja es que parte de la demanda de estos minerales proviene de políticas destinadas a enfrentar el cambio climático.

Los vehículos eléctricos, las redes de almacenamiento y algunas tecnologías renovables requieren grandes cantidades de metales. Pero utilizar una solución climática que provoque pérdidas irreversibles en los océanos puede reemplazar un problema ambiental por otro.

Por eso, varios expertos proponen aumentar el reciclaje de baterías, reducir el desperdicio de minerales, mejorar el transporte público y desarrollar tecnologías que dependan menos de materiales escasos antes de intervenir el fondo marino.

Una decisión con consecuencias para todo el planeta

La minería en aguas profundas todavía no se ha establecido comercialmente a gran escala en aguas internacionales. Las decisiones adoptadas durante los próximos meses podrían definir las reglas de una industria completamente nueva.

Estados Unidos considera que el fondo marino puede fortalecer su seguridad económica y tecnológica. Los ambientalistas advierten que el costo podría ser la destrucción de ecosistemas que la humanidad apenas comienza a conocer.

La discusión ya no consiste solamente en determinar si existen minerales suficientes bajo el océano.

La verdadera pregunta es si el mundo está dispuesto a explotar uno de los últimos espacios casi intactos del planeta antes de comprender plenamente lo que podría perder.

Fuentes

  • Associated Press: propuesta estadounidense para ofrecer áreas cercanas a Samoa Americana a la exploración minera submarina.

  • Bureau of Ocean Energy Management de Estados Unidos: aviso oficial sobre la posible venta de arrendamientos minerales y el proceso de evaluación ambiental.

  • Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza: actualización de la Lista Roja sobre las especies amenazadas por la minería en aguas profundas.

  • Reuters: riesgos para los moluscos de respiraderos hidrotermales y debate internacional sobre una moratoria.

  • Autoridad Internacional de los Fondos Marinos: negociaciones de julio de 2026 sobre el código para regular la explotación del fondo marino.

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