Nuestro espejo regional

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, junto al canciller argentino, Felipe Solá (Carolina Antunes/PR)
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, junto al canciller argentino, Felipe Solá (Carolina Antunes/PR) (Carolina Antunes/PR/)

En nuestra historia han pasado muchos periodos diferentes de la relación entre Argentina y Brasil. Pero este creo que es un momento histórico de oportunidad para la búsqueda de un regionalismo sudamericano con el liderazgo de Argentina y Brasil.

La nueva normalidad o el futuro del mundo después de este profundo shock social que fue la pandemia del coronavirus, debería encontrarnos buscando las soluciones mejores para recuperar nuestros tejidos productivos y la inversión. Los motores de los servicios y los sectores comerciales sin lugar a duda son las industrias que mueven el empleo y mejoran los ingresos. Tener una estrategia común de como ir hacia el futuro en conjunto parece la apuesta más beneficiosa.

En los largos años de relación se pudieron lograr muchas cosas positivas, aunque quedan pendientes en mi parecer los dos temas más relevantes para poder profundizar la relación y hacer crecer las economías de los países a un ritmo sustentable y beneficioso para todos los socios del Mercosur ampliado.

Estos dos temas son la coordinación macroeconómica de los países miembros con un final en una moneda común y la libre circulación de personas y bienes por el territorio del Mercosur. Si de todas maneras parecen pasos muy desafiantes, en clave de progresar en nuestras instituciones parecieran procesos virtuosos de recuperación de nuestra identidad como ciudadanos de un proyecto que puede resolver aquellos problemas que con las actuales instituciones no supimos resolver.

Se puede tomar como ejemplo la integración de España a la Unión Europea, o el proceso de reforma del tratado de Maastricht de 1992 que termina en la firma del tratado de la Constitución Europea en 2004. Mucho se puede decir de las diferencias que tenemos con el proceso de los países en Europa, pero si nos miramos en el espejo, veremos que tenemos la posibilidad de transitar caminos similares.

Conseguir un desarrollo sostenible equilibrado, mejorar el empleo y la pobreza, generar identidad regional, pueden ser valores compartidos con Brasil y los países sudamericanos que vean en este proceso, uno capaz de mejorar las practicas de administración pública que consoliden el crecimiento y la paz social de nuestras sociedades.

De una u otra manera la mayor parte de los países iberoamericanos no han logrado conformar a sus ciudadanos ni detener el avance de la pobreza y la depresión económica. Solo algunos países mantienen apenas los desarrollos y tienen políticas concretas que hicieron que la pobreza caiga con importantes logros. Uruguay es un ejemplo, ha logrado un proceso de reducción de la pobreza sostenido. Seguramente tiene otros desafíos por delante, pero como muchos dirigentes exclaman, la pobreza nos interpela a todos de manera urgente.

Vemos como Brasil ha estructurado un plan estratégico a 2030 y desarrollado ciertas pautas de trabajo en conjunto con el Sector privado para mejorar el ámbito de inversiones y el desarrollo de los escenarios diversos que promueven políticas de crecimiento de la economía manteniendo los grandes programas de ayuda social.

La Federación de Industrias del Estado de San Pablo ha presentado un estudio que expresa cifras muy positivas para el año 2021 en Brasil. En el estudio que realizo la FIESP se estableció que la recuperación de la economía brasileña post pandemia va a ser en un ritmo muy positivo conforme a las proyecciones propias y a la de los organismos internacionales económicos.

Apalancada en una toma de decisiones gubernamentales y una menor cuarentena Brasil espera para estos meses superar la producción Industrial pre-pandemia. Los números muestran que en septiembre ya la performance de la industria brasileña y su producción industrial empezaba a ser un 0,2 % mayor a la que tenían seis meses atrás con el inicio de las cuarentenas en la mayoría de los países del mundo.

Con la consiguiente circunstancia de recuperación y habiendo perforado el techo del gasto público debido a las ayudas por la pandemia, también tiene por delante un desafío fiscal para el año 2021. En términos de tipo de cambio, la expectativa de un real más devaluado es lo que se plasma en el estudio, en los próximos 3 años un real entre 5.20 y 5.30 R$ por dólar. Las metas de Inflación están en torno al 4 y al 3,5 por ciento.

Sin épicas de futuro conjunto ni de rivalidades negadas, un proyecto regional con la construcción de una unión sudamericana, que tenga como base al Mercosur, puede ser el camino para aproximarnos a las soluciones conjuntas que cada país con sus propias características e idiosincrasias particulares.

Un espacio común integrado como mercado de consumidores, mejorando la calidad institucional y la administración de la cosa pública, serán muy atractivos para las inversiones de energía, infraestructura y el resto de las industrias que surgen de llevar a nuestros países al siglo XXI.

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