Últimos pasos en el camino a la Casa Blanca

Joe Biden y Donald Trump (Olivier Douliery/Pool via REUTERS)
Joe Biden y Donald Trump (Olivier Douliery/Pool via REUTERS) (POOL/)

A menos de un mes de las elecciones los dos candidatos con más intención de voto (existen otros dos candidatos de agrupaciones menores), el presidente republicano Donald Trump y el ex vicepresidente de Barack Obama, el demócrata Joe Biden, afinan sus estrategias de campaña para consolidar a los votantes convencidos, llegar a los indecisos, en particular en aquellos estados que suelen ser susceptibles a cambiar de tendencias políticas (los swing states) y aportar electores claves para el colegio electoral, y sobre todo movilizar a aquellos votantes potenciales que aun no decidieron su concurrencia a las urnas en un país en donde el sufragio no es obligatorio.

En este ajustado cronograma de campaña, esta semana tuvo lugar uno de los primeros eventos políticos más relevantes –por lo menos en lo que se refiere a audiencia- de la contienda electoral. En Cleveland (Ohio), los candidatos republicano y demócrata se enfrentaron en el primero de los tres debates electorales estadounidenses pautados en una histórica elección que coexiste con la pandemia del coronavirus.

Evidentemente se trata de una contienda muy particular. No sólo por la atención que siempre despierta la polémica figura de Trump, o la habitual importancia que reviste dicha elección para la región y el mundo, sino por las características de este año tan especial. El covid-19 parecía ser un factor capaz de detener una tradición democrática como las elecciones estadounidenses que con más de dos siglos de vida, tuvieron lugar pese a dos guerras mundiales, profundas crisis económicas, o ataques terroristas. Sin embargo, esto no ha sido así. Con elecciones confirmadas, el debate ha sido orquestado con múltiples protocolos de seguridad sanitaria y distanciamiento social, incluso entre los dos contendientes, quienes no pudieron saludarse con la mano para la tradicional foto.

¿Sirven los debates electorales?

Como todo aquello que se piensa bajo una estrategia, la pregunta clave no es si sirve, sino para qué sirve.

Los debates electorales son en Estados Unidos uno de los eventos políticos que mayor audiencia atraen dentro del conjunto de eventos de campaña. Sin embargo, los estudios no avalan la idea de que los debates puedan cambiar ideas previas o decisiones electorales de forma mayoritaria. Se calcula que, en el caso de hacerlo, menos del 5% puede cambiar su voto, ideas o imagen sobre un candidato.

Sin dudas al público que más suelen apuntar los candidatos es al indeciso, el cual puede inclinarse por el carisma, más que por las propuestas de los adversarios. Pero el mayor éxito de los debates es el reforzar identidades previas y poner en agenda de los medios –y por ende, puede poner en agenda del público- los temas, las actitudes y posturas de los candidatos.

Joe Biden es un político experimentado –con 78 años de edad y con más de 47 años en la actividad- pero Trump –con 74 años de edad y con casi 47 meses en la Casa Blanca– pareciera ser también un candidato experimentado más allá de sus actitudes polémicas. Si bien la trayectoria política es un capital, la poca experiencia en debates electorales -sumado a que su adversario es, ni más ni menos, que el discursivamente agresivo y avasallante Trump- le jugó en contra al candidato demócrata. El candidato republicano tuvo el mérito de reconvertir la pretendida “experiencia” de Biden en un punto débil: “vejez”, “agotamiento” y muchos años en política sin éxitos visibles.

Más allá de las fortalezas y debilidades que cada uno de los candidatos expusieron de uno y de su adversario en el debate, las encuestas muestran una delicada situación de confianza con la que Biden tiene que lidiar. La encuestadora Gallup evidencia que, mientras el 90% de los republicanos dicen que ganará Trump, solo el 73% de los demócratas afirman que ganará Biden. Por otro lado, el 56% de los indecisos dicen que ganará Trump, pero el 39% dice que lo hará Biden.

El camino a la Casa Blanca

Como señalan los últimos estudios en Estados Unidos, la tendencia indica que, si bien una mayoría de los ciudadanos se inclinan por Biden, también una mayoría cree que Trump ganaría. En otras palabras, la percepción generalizada es que Trump ganará y esto puede influir a quienes aún dudan de su voto generándose el estudiado efecto bandwagon (incentivo de voto al que se percibe ganador), o un declive en la participación. Este último factor es una de las claves electorales.

A lo largo de la historia –y a causa de tener un voto optativo- distintos candidatos han articulado parte de sus campañas electorales en base a si les convenía o perjudicaba incentivar la movilización electoral. En este caso, por ejemplo, a Trump no le conviene que más ciudadanos emitan sus votos. De ahí que el actual presidente haya sembrado dudas sobre el fraude de aquellos votos que se emitan por correo postal.

Aún restan cuatro semanas y en campañas electorales todo puede pasar. El reciente positivo de Trump, que encarará este último tramo lidiando además con un virus que en un comienzo denostó pero del que quizás pueda paradójicamente en este tramo obtener algún rédito electoral, le agrega más dramatismo a una historia con final incierto que mantiene en vilo no sólo a los Estados Unidos, sino a la región y el mundo en general en un contexto en el que pareciera renacer una puja por los liderazgos globales que, hoy, como hace tiempo no se veía, están en gran medida vacantes.

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)

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