En el este de Alemania, la ciudad de Neuruppin quiere acoger a los migrantes de Grecia

Cinco años después de la llegada masiva de migrantes a Alemania, la ciudad de Neuruppin se declaró dispuesta a acoger a más refugiados, algo excepcional en una región en la que el partido de ultraderecha AfD logra algunos de sus mejores resultados.

«Tenemos sitio para entre 50 y 75 personas», declaró a la AFP Jens-Peter Golde, alcalde de esta ciudad de 31.000 habitantes del estado regional de Brandeburgo, y que antaño pertenecía a la extinta RDA.

En la entrada del centro de la ciudad, unas letras de colores gigantes, pintadas en una pared, llaman la atención: «Diversity is our future» («La diversidad es nuestro futuro»). En el tercer piso del Ayuntamiento, Jens-Peter Golde espera poner en práctica ese lema.

«Cuando vemos las imágenes del [campo griego de migrantes arrasado por las llamas] de Moria, no se trata de disertar sobre grandes decisiones políticas, se trata de la moral», asegura el primer edil.

«Aquí estamos bien y tenemos la posibilidad [de ayudar] a esa gente necesitada», agrega el hombre, político independiente.

En la ciudad, situada a 60 km al noroeste de Berlín, las fotografías de la gente durmiendo sobre el asfalto al haberse quedado sin un techo bajo el que refugiarse en la isla griega de Lesbos, despertaron una cierta emoción.

Berlín decidió acoger a 1.553 migrantes, sobre todo familias, atrapadas en la actualidad en cinco islas griegas del mar Egeo. Neuruppin quiere acoger a una parte de ellos, como otros 173 municipios del país, de los cuales solo 16 se encuentran en territorio de la antigua Alemania del Este.

«Tenemos plazas disponibles inmediatamente» en residencias para solicitantes de asilo o en apartamentos del parque inmobiliario social, apunta Golde.

– Una bendición –

Más allá del aspecto ético, para esta ciudad, levantada a orillas de un apacible lago, el desafío es también económico.

La llegada de refugiados, hace cinco años, fue una bendición para los empresarios de la región.

«A las empresas de la zona les cuesta mucho encontrar mano de obra», comenta Martin Osinki, antiguo responsable de las 18 residencias de solicitantes de asilo del distrito, que todavía recuerda a los jefes de las pymes que tocaron a sus puertas en busca de «gente que pudiera trabajar».

Los refugiados también son muy solicitados para el cuidado de ancianos.

La ciudad, donde en los últimos años se instalaron sirios y chechenos, principalmente, cuenta con un 4,3% de población extranjera o de origen extranjero.

«Quiero vivir en una ciudad abierta al mundo y que garantice protección y hospitalidad a gente que ha huido de la guerra o del hambre», defiende una vecina, Beate Schädler, pedagoga social.

Aún así, la AfD obtuvo un 20% de los votos en Neuruppin en las elecciones regionales de 2019 y la integración de los recién llegados continúa suponiendo un verdadero reto.

El líder del partido a nivel local, Klaus Baumdick, no respondió a una solicitud de entrevista por parte de la AFP pero la dirección nacional se opone a la evacuación de los migrantes de los campos griegos, juzgando que esto incitaría a otros «pirómanos» a prender fuego a los campamentos con la esperanza de que los acaben enviando a Alemania.

«Por supuesto que hay dificultades y no hay que negarlas», admite Wolfgang Freese, un profesor de la ciudad, que ha constatado, por ejemplo, que algunos de sus compañeros no se sienten cómodos con sus alumnos refugiados.

Además de los problemas de vivienda, los habitantes denuncian las reticencias de algunos hombres, llegados de países con un sistema patriarcal muy arraigado, a que sus esposas aprendan la lengua del país de acogida.

Unas críticas que el alcalde prefiere dejar de lado. «Uno siempre va a encontrarse a gente que diga: ‘nosotros nos vemos obligados a dormir bajo un puente y ellos tienen derecho a mejores apartamentos’. ¡Pero eso es puro populismo! No conozco a nadie en Neuruppin que duerma bajo un puente».

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